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LA SANTIDAD
LA IMITACIÓN DE CRISTO, IDEAL DEL CRISTIANO.
Todo hombre, sea o no consciente de ello, depende en gran parte, de los modelos de referencia que haya seguido de otras personas. Es decir, de los modelos que considera su ideal para vivir. En algunos casos estos modelos de referencia son negativos y, en otros, positivos: Así, mientras que ciertos líderes despersonalizan al ser humano, otros le ayudan a realizarse como persona, ayudándole a dar lo mejor de si mismo. Pues bien, el cristiano es discípulo de Cristo y tiene en él, el modelo de referencia principal de su vida. No se trata de una imitación externa de la vida de Cristo, sino de la imitación de las actitudes interiores de Jesucristo.
LLAMADOS A LA SANTIDAD
El objetivo de la vida cristiana no es el de "no hacer pecados", sino que nuestra meta es la santidad. El Evangelio nos pone el listón de la vida cristiana en la santidad: «Sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto» (Mt 5,47). «El nos ha elegido para que seamos santos e irreprochables ante El, por el amor» (Ef 1,4)
Hay muchos cristianos que van a por el "cinquillo". Tienen los mismos ideales que aquellos que no creen en Dios, pero guardan las formas, es decir, intentan evitar los pecados más graves. En el mejor de los casos, su pregunta suele ser "¿puedo hacer esto sin pecar?"; siendo así que la auténtica preocupación de un cristiano debería ser otra, "¿cuál es la voluntad de Dios?" o, dicho de otra manera, "¿mi vida es del agrado de Dios?".
¿QUIÉNES SON LOS SANTOS?
La santidad no consiste, como algunos piensan, en hacer unas obras milagrosas o cosas extraordinarias, sino que consiste en vivir el amor a Dios y a los hombres en el máximo grado posible, en vivir plenamente las virtudes cristianas. Se puede decir que ser santo es ser como Jesús. Es cierto que algunos santos han tenido el don de Dios de realizar ciertos milagros. Pero, no obstante, la santidad no consiste en esto. La prueba es que otros santos no han hecho esos milagros especiales. La Iglesia ha canonizado a millares de cristianos, es decir, los ha declarado santos. Cuando la Iglesia canoniza a una persona que ha fallecido, con esto quiere decir que está segura de que, por la vida que ha llevado, está en el Cielo. Pero tengamos en cuenta que hay muchos más santos que los que la Iglesia ha elevado a los altares (canonizado). De hecho, la Iglesia canoniza a unos pocos para proponerlos como modelo de imitación para los demás hombres, consciente de que habrá otros muchísimos hombres y mujeres cuyas virtudes han pasado desapercibidas a los ojos de los hombres, pero que a los ojos de Dios pueden ser más santos que nadie. Por lo tanto, no identifiquemos santidad con las figuras de los retablos de las Iglesias.
TU TAMBIÉN PUEDES SER SANTO
La santidad es una amistad con Jesús que se nota en todo lo que hacemos durante el día. Es un estilo de vida:
Un estilo de vida: el de Jesús
Por todas partes pretenden imponernos un estilo de vida: el de los cantantes de moda, los famosos, o los ricos. El que sigue a Jesús ha elegido el estilo de vida de Jesús.
No consiste en un tipo de ropa o un modo de cantar, es ante todo un “modo de ser”. Se trata de vivir con las actitudes profundas que él vivió y sigue viviendo hoy. Es tener un corazón como el suyo. Y, claro, una manera de vivir según ese Corazón: - Pobre y generoso: porque lo más importante para nosotros no son las riquezas de la tierra, nuestro “tesoro” está en Jesús y en lo que ama Jesús: nuestros hermanos. - Humilde y obediente: porque sabemos que todo lo recibimos del Amor de nuestro Padre Dios, como Jesús. Y nuestra alegría es hacer su voluntad no la nuestra. - Libre y manso: que no se deja esclavizar por el egoísmo y el pecado y sabe sufrir las dificultades de seguir a Jesús hasta la Cruz. - Que ama entregando la vida: la felicidad está en amar, y amar es dar la vida generosamente a Dios y a los demás.
ORACIÓN
Jesús, hoy he descubierto que puedo ser santo, que me invitas a seguirte sin condiciones, que me das tu Corazón para poder amar como Tu. Sé que es difícil, que tengo mucho que aprender, pero cuento contigo, con la ayuda de tu gracia, y el ejemplo de muchos que lo han conseguido, como Ella, María. Jesús, quiero ser santo, que es lo mismo que decirte siempre “Si”. María, mi Madre y amiga me ayudará. Amén. | |||