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¿QUÉ ES ORAR?
La oración es encuentro y diálogo de amistad con Dios.
Lee Jn 4, 7-26, para entender lo que vamos a tratar ahora.
Toda persona está llamada al amor, es decir, llamada a realizar su vida desde el encuentro-intimidad con el Señor. Toda persona está llamada a la oración. Necesitamos, por eso, orar mucho; sólo así tendremos paz, gozo, pues mientras más se ora más se desea orar. Rezar es poner el corazón, la mente, la fuerza en el Amor. Es volver continuamente a la Fuente para poder dar amor a los hermanos. Orar es poner como centro y Señor de nuestra vida a Cristo. Sólo es hombre en plenitud el que reza amando y el que ama rezando.
JESÚS INSISTE EN QUE OREMOS
Jesús anima a sus discípulos a orar mucho y les enseña a ello:
“Pedid y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá. Por que todo el que pide recibe; el que busca, halla; y al que llama se le abrirá” (Mt 7,7-8).
Jesús oró muchas veces. La oración para Él era algo habitual, cotidiano; reza en la sinagoga y en el Templo, en el campo, por la noche, con los niños. Reza en toda circunstancia, en la alegría, ante el llanto, alaba, pide, da gracias, contempla. El Corazón de Cristo es el modelo de nuestra oración.
Sus discípulos le preguntaron: “Maestro, enséñanos a orar”. Jesús entonces les dijo:
“Vosotros, pues, orad así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu Nombre; venga tu Reino; hágase tu Voluntad así en la tierra como en el cielo. Nuestro pan cotidiano dánosle hoy; y perdónanos nuestras deudas, así como nosotros hemos perdonado a nuestros deudores; y no nos dejes caer en tentación, más líbranos del mal.” (Mt 6, 9-13).
+++ Meditemos el Padrenuestro llenándonos del amor de Dios y repitiendo la frase que más nos llena.
UN ENCUENTRO CON JESÚS
Los encuentros de Jesús con aquellos personajes del Evangelio son modelo de nuestros encuentros de oración con Él.
Lee Jn 3, 1-15.
Nicodemo era un hombre culto, sabía muchas cosas, tenía muchas cualidades, pero todavía le faltaba lo fundamental: su encuentro con Jesús. Desde el principio se siente atraído por Él. Le sigue de lejos pero desea estar cerca. Nicodemo va a buscarle de noche. Jesús toca su corazón. Hablan de amigo a Amigo. Nicodemo descubre que casi no sabe nada de Dios. Se siente pobre. Acepta su limitación, se acerca a Jesús y le tiende sus manos.
Necesitamos buscar a Jesús. Abrir nuestros ojos y nuestro corazón para descubrir que Él nos espera siempre.
PARA ORAR ES NECESARIO...
· El silencio, para poder escuchar y estar en paz. El silencio es el lenguaje de Dios. Recordemos a Elías que huyendo en el desierto encuentra a Dios en la suave brisa, en el susurro del silencio: 1Re 19,12. · Orar con calma, sin prisas; descansando en el Señor: “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados y yo os aliviaré” (Mt 11, 28-30). · Tener presente que Dios nos ama y nos busca para que seamos sus amigos: “¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque esas llegasen a olvidarlo, yo no te olvido. Míralo, en las palmas de mis manos te tengo tatuada” (Is 49,15-16). · No preguntarse para qué sirve la oración. La oración nos hace “ser”, más que “hacer”. No buscar de la oración la “utilidad” sino el amor.
EL CORAZÓN DE LA ORACIÓN
Cuando encuentras un amigo estás, ciertamente, interesado por lo que dice, piensa o hace, pero tu verdadera alegría es estar allí, delante de él y experimentar su presencia. Cuanto mayor sea tu amistad con él, mayor será tu deseo de estar con él aunque falten las palabras.
De la misma forma, lo más importante de la oración es estar con Jesús como un verdadero amigo. San Juan de la Cruz lo decía así:
“Olvido de lo creado, memoria del Creador, atención a lo interior, y estarse amando al Amado”.
Jesús es siempre el primero en buscarnos, pero tenemos que colaborar con Él. Orar es “poner todo de nuestra parte, como si dependiese de nosotros, con la confianza de que todo depende de Dios”. MANERAS DE ORAR
1.- Leer rezando y rezar leyendo: Invoca al Espíritu Santo, y tomando un texto de la Palabra de Dios (o de otro libro adecuado), léelo despacio, tratando de hacerlo tuyo y parándote donde te encuentres con el Señor (la frase o la idea que más haya tocado tu corazón).
2.- Meditar leyendo: Cuando en la lectura de la oración reflexionas lo que lees y tratas de descubrir lo que Jesús quiere decirte.
3.- Orar escribiendo: Escribe aquello que te gustaría decirle al Señor. Puede ser una carta o respuestas a sus llamadas. Puede ser el inicio de tus diálogos con Él.
4.- Orar abandonándose: En el silencio dile a Dios que lo amas, abandonándote en Él como Padre. Confía en Él todas tus preocupaciones y dudas. Busca sólo agradarle, hacer su voluntad. Es el corazón del Hijo en brazos de su Padre, así oraba el Corazón de Cristo. ORACIÓN
Padre, me pongo en tus manos. Haz de mí lo que quieras. Sea lo que sea, te doy las gracias.
Estoy dispuesto a todo. Lo acepto todo, con tal que tu voluntad se cumpla mí y en todas tus criaturas. No deseo nada más, Padre.
Te confío mi alma, te la doy con todo el amor de que soy capaz, porque te amo y necesito darme, ponerme en tus manos, sin medida, con un infinita confianza, porque Tú eres mi Padre. Carlos de Foucauld | |||