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EDITORIAL |
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Un nuevo curso, por don Amadeo Galán Cristina. |
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Estamos comenzando un nuevo curso. Atrás han quedado los calurosos días del verano en los que nos olvidábamos de nuestros trabajos cotidianos y nos dedicábamos al deporte, a la lectura o a navegar por internet. Ahora nos enfrentamos otra vez con la dura tarea del estudio o con el trabajo propio de cada uno. También en la Parroquia nos disponemos afrontar una nueva andadura en nuestra vida cristiana. Los sacerdotes estamos planificando las actividades que realizaremos, juntamente con los fieles, durante este nuevo curso pastoral. Los jóvenes no constituís toda la parroquia, pero la parroquia sin los jóvenes estaría como falta de fuerza y de vida. Por eso la comunidad cristiana os necesita. Me vienen a la memoria unas palabras de San Juan en su primera carta, cuando dice: “Os escribo, jóvenes, porque sois fuertes y la Palabra de Dios permanece en vosotros y habéis vencido al Maligno” (1 Jn. 2,14). No sabéis el tesoro que tenéis al rebosar de fuerza y energía en vuestro organismo. Algún día empezaréis a experimentar que los miembros de vuestro cuerpo no responden a los deseos de vuestro cerebro. Pero yo quisiera que esa energía corporal la tuvierais también en vuestro espíritu para que la palabra de Dios “permaneciera” en vosotros y para |
que “vencierais” al Maligno. Muchos jóvenes de hoy dedican grandes esfuerzos a estar muy “cachas” en su cuerpo, pero son bastante frágiles a la hora de vivir una vida interior exigente y de altura. El Papa decía este mes de agosto a los jóvenes de la Misión Joven de Madrid que al visitar Roma, donde tantos cristianos dieron la vida por el Señor, “habréis podido entender mejor por qué la fe en Jesucristo, al abrir horizontes de una vida nueva, de auténtica libertad y de una esperanza sin límites, necesita el empuje que nace de un corazón entregado generosamente a Dios y del testimonio valiente de Aquel que es el Camino, la Verdad y la Vida”. Y esto, continuaba el Papa, se observa mejor “cuando a vuestro alrededor veis a muchos jóvenes que han olvidado a Cristo o que se desentienden de Él, cegados por tantos sueños pasajeros que prometen mucho, pero que dejan el corazón vacío”. Y Benedicto XVI terminaba con esta exhortación: “Os animo a perseverar en el camino emprendido”. A eso mismo os animo yo. No vayáis para atrás. No os rindáis, la vida no se repite. No os dejéis llevar por la desidia religiosa que flota a vuestro alrededor. Que este nuevo curso constituya un paso adelante en vuestra vida. Sed fuertes y que la palabra de Dios permanezca en vosotros.
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