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Y después ¿qué?, por Isabel Vidal |
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Hace poco hemos vivido uno de los tiempos más esperados del año, unos días para estar con la familia, los amigos y todas aquellas personas que queremos, unos días en los que las emociones están a flor de piel y los nervios de punta por los acontecimientos tan importantes que se desarrollan en estas fechas. ¡Exacto! me estoy refiriendo a la Navidad. Desde pequeñitos hemos visto y conocido las celebraciones que se realizan antes y durante estas fechas: se compran los adornos, se colocan por toda la casa, se monta el belén, se idea el menú de cada día, se reservan las cenas con la familia y con los amigos en los restaurantes… es, sin duda, un no parar. Además, los cristianos tenemos tarea extra para estas fechas, no solo debemos prepararnos exteriormente para la llegada de la Navidad, sino que debemos “lavarnos la cara” interiormente durante el Adviento para la llegada de Jesús. Creo que la gente se pierde después de las fiestas importantes como la Navidad, convierte estas fiestas en un paréntesis en su rutina, y una vez pasadas las fiestas y habiendo vuelto a las clases, el trabajo y las prisas olvida que solo unos días antes celebramos
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el cumpleaños de alguien que nació, vivió y murió por nosotros y al que nunca podremos darle las gracias suficientes veces. Mi intención aquí es animar a todos a que demuestren en lo que creen, que vuelvan de las vacaciones de Navidad con alegría y demostrando que el verdadero espíritu navideño no son los regalos y las cenas, sino el hecho de que Jesús ha nacido en cada uno. El problema es que muchas veces olvidamos que no ha venido de viaje. Ha venido para quedarse. Por eso, aunque haya pasado el tiempo de Navidad, Jesús debe seguir viviendo en nosotros porque, si al volver de las vacaciones seguimos igual que antes y no más alegres y amables, estaremos echando a Jesús de nuestro corazón solo unos días después de haberle acogido alegremente. Este es mi buen propósito para este año: que Jesús se encuentre tan cómodo en mi corazón hasta la próxima Navidad como lo estuvo en los brazos de la Virgen durante su primer año y como lo estuvo en mi corazón cuando llegó a él el pasado 25 de Diciembre. El Adviento nos prepara para la Navidad, hagamos de la Navidad una preparación para todo un año con Jesús.
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