Los Sacramentos

La confesión paso a paso

Las partes que componen la Confesión son las siguientes: examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor, recibir la absolución y cumplir la penitencia.

 

1 En el examen de conciencia procuramos recordar los pecados cometidos desde la última confesión bien hecha. Es como una confrontación sincera y serena de nuestros actos -que nada tiene que ver con una introspección psicológica- con nuestra propia conciencia, con la ley moral y con el mismo Cristo Jesús, que es para nosotros maestro y modelo de vida.

 

2 El dolor de los pecados es un sentimiento o pesar por nuestras malas actuaciones que han ofendido en mayor o menor medida -grave o levemente- a Dios y al prójimo. Por eso se distingue el pecado grave o mortal del leve o venial.

 

3 Hacer el propósito de la enmienda significa tomar la firme resolución de no volver a pecar, disponiéndonos a poner los medios necesarios para conseguirlo. No se trata, por tanto, de confesarse por confesarse y ya está..., a seguir como antes. No. El que se confiesa va en serio y se propone cambiar de vida. Eso no significa que se sienta fuerte, ni que garantice su futura buena

 

conducta, ya que este sacramento es para los que se saben débiles y enfermos y se quieren curar, con la gracia de Dios.

 

 

 

 

 

 

5 El momento del perdón es otra parte esencial del sacramento de la Penitencia. Compete al confesor. Él actúa como juez –por eso nos ayuda a valorar la gravedad de nuestras faltas y la sinceridad de nuestro arrepentimiento- y como médico -que conoce el estado de nuestra alma para ayudarnos y curarnos-. El sacerdote es imagen de Dios Padre que acoge y perdona siempre a aquél que vuelve bien dispuesto. Da la absolución con las palabras «yo te absuelvo...» y en ese momento quedan nuestros pecados perdonados para siempre y se nos aumenta la gracia de Dios o se nos devuelve, si la habíamos perdido con nuestras faltas graves.

 

6 Cumplir la penitencia es el acto final de la confesión: un@ debe rezar -ya fuera del confesonario- las oraciones y/o hacer las buenas obras que le ha indicado el confesor (Por ejemplo: rezar dos avemarías, dar una limosna).

 4 Debemos confesar al sacerdote todos los pecados mortales, y conviene decir también los veniales. Si uno no sabe bien como decirlos puede pedir ayuda al sacerdote que siempre facilita y está a favor. Cuéntele también sus dudas y las circunstancias que disminuyan o aumenten la gravedad de

“El fruto más precioso del perdón obtenido -explica el Papa- consiste en la reconciliación con Dios, la cual tiene lugar en la intimidad del corazón del hijo pródigo que es cada penitente. Pero hay que añadir que tal reconciliación repara las rupturas causadas por el pecado: el penitente perdonado se reconcilia consigo mismo en el fondo más íntimo de su propio ser, en el que recupera la propia verdad interior; se reconcilia con los hermanos, agredidos y lesionados por él de algún modo; se reconcilia con la Iglesia; se reconcilia con toda la creación... Encuentra la alegría y la serenidad de la conciencia que fuera de la confesión no podrá encontrar en otra parte”. ¡Se va feliz!

 

"Nos hiciste, Señor, para Ti,  e inquieto está nuestro corazón
hasta que descanse en Ti".