El testimonio

Es el mayor regalo

Hablamos con  Carlos Barroso Flores,  Seminarista de Barcelona, que nos ofrece su testimonio vocacional. Agradecemos su disponibilidad y le aseguramos nuestra oración para que sea un sacerdote alegre y entregado

Por  Carlos Barroso Flores

Supongo, que es mejor empezar diciendo que, para poder explicar mi vocación, serian necesarias muchas páginas. Son muchas las ocasiones en las que Dios te ayuda en la consecución de su realización, y muchas las veces que ponemos trabas a su plan.

 

           La vocación es el camino que Dios quiere para cada uno, pero todas ellas se destinan a la felicidad del sujeto que la recibe. Por lo que considero QUE CONOCER la vocación ES el mayor regalo. El objetivo común de todas las vocaciones es la santidad, sea cual sea, pero eso ya lo sabes.

 

En mi caso particular, descubrí la vocación, durante mi estancia en Perú, donde estuve sirviendo a los demás, muy cerca de Dios, colaborando en una congregación de monjas. (Hijas de la divina providencia)

 

Si existiera una maquina que te dejara ver tu futuro, yo habría pensado que esa maquina estaba estropeada

No me hubiera imaginado el camino que me esperaba.

 

CONTEXTO Y BIOGRAFIA: Familia, vida de fe…

 

           Soy el tercero de ocho hermanos, aunque en realidad seis son mujeres. Mis padres son dos magnificas personas, que han tratado de darnos la mejor educación cristiana y humana que les ha sido posible. He estudiado en colegios donde se vive la fe cristiana. En el parvulario, nos enseñaban unas religiosas. En el colegio, recibí la catequesis y los sacramentos de la Eucaristía y la Confirmación. También estudié un ciclo formativo de electrónica en Escolas Pias. Finalmente estudié el bachillerato para entrar al seminario Lugo y con esa idea. Luego he cursado introductorio, primero, segundo y ahora estoy en tercero

 

Ciertamente, no he sido alguien al que miras y piensas que este podría ser sacerdote, sino todo lo contrario. Mis profesores siempre me han recordado con cariño, pero recuerdan que yo

tenía ciertos problemas con la disciplina. Tampoco había sido un estudiante responsable y siempre andaba mirando de hacer alguna trastada o entretenido con algún que otro chisme. Lo que demuestra que la llamada es de Dios y no del hombre…

 

 

 

 

 

LLAMADA DE DIOS Y RESPUESTA VOCACIONAL

 

           El día 19 de agosto del 2000 fue cuando supe que Dios me pedía algo más, ser sacerdote. Desde entonces, la idea permaneció en mi cabeza hasta el día de hoy. Pero también es importante destacar que antes de eso, sentía cierta simpatía con los sacerdotes, a los que miraba siempre con gran admiración.

 

El 31 de agosto del 2002 se decantó mi decisión y desde entonces que intentó realizar esta vocación.

 

Es un poco temerario adjudicar una fecha determinada a los acontecimientos, porque claramente tienen un contexto que los complementa.

 

En este proceso, debemos destacar algunas persona que merecen ser citadas por su ayuda. En primer lugar, como en muchos casos, es mi madre la responsable de mi vocación, ya que desde que nací, le rezó a Dios por mi vocación al sacerdocio. También la madre Doris (Religiosa del Perú) que jugó un gran papel como testimonio de vida entregada. Finalmente debo agradecer el trato paciente y cariñoso recibido de sacerdotes que han tratado mi alma, en especial Mn. Ferran al que actualmente ayudo

en la parroquia de Sta Teresa de Lisieaux.

 

           Ante esta “decisión”, se han despertado reacciones muy diversas, pero la mayoría de mis amigos se sorprendieron o no se lo creyeron. En mi familia todos me dieron su apoyo y oración, lo que agradezco enormemente, porque sería realmente difícil realizarlo sin su apoyo.

 

           Si tuviera que destacar alguna dificultad en el proceso vocacional, remarcaría que la única dificultad es uno mismo.

 

La respuesta a la llamada se afianzó en el viaje a Toronto en la JMJ del 2002, donde se rompieron los intentos de evasión a la llamada desarrollados desde el retorno de Perú. Podría decirse que estuve dos años negando mi vocación, que a pesar de todo sentí lo que realmente debía ser.

 

 

CONCLUSIONES

 

En la vocación hay que tener siempre cuidado, nunca se sabe lo que puede pasar. Es comparable a una velita encendida que llevamos entre las manos, a la que debemos proteger del aire para que no se apague. Nos jugamos nuestra felicidad!! El regalo de la vocación tiene sentido en la respuesta total a la llamada. Y como no, debemos apoyarnos en el ejemplo de María, madre de Dios y madre nuestra, que dio un Sí rotundo.

 

Como dijo el Papa Juan Pablo II:

 

¡No tengáis miedo!